12 nov. 2007

recuerdos que llegan de la mano del otoño

Ahora que el otoño ya se ha instalado del todo he encontrado como si de un tesoro se tratara estos recuerdos que llegan de muy lejos y me acarician el alma y se cuelan de puntillas y que ni tan siquiera recordaba que existian.Cuando era niña, mi tía tenia un taller de bordado, con sus sillitas bajas y su suelo de madera, estaba en la galería de la casa, cuando las galerías en los pueblos de montaña eran grandes espacios inundados de luz y en un rincón la estufa de carbón y desde la cocina llegaban los olores del arroz con leche, de las manzanas y las castañas asadas, de los frisuelos, del azúcar convertido en caramelo sobre el mármol de los fogones que mi abuela preparaba añorando su tierra Asturias, y fuera la nieve pero dentro todos los colores, los hilos y los bastidores y las conversaciones a media voz, como de grandes secretos, y yo que entonces no comprendía y jugaba entre los hilos y las cintas de colores guardaba en mi “mandil” el punzón y el librillo de las agujas hecho de fieltro y el acerico que se comía las agujas, y las maquinas de coser de pedal sonaban como una hermosa y suave cantinela que me producía sueño. Y me dejaban rebuscar entre las telas y mi bastidor forrada la madera de tela blanca como si fuera una herida, ese bastidor que aún conservo y que tiene un pequeño cajón de madera azul en su parte baja.

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