El pasado sábado, día 16 estuve en San Juan de Luz viendo patchwork y más patchwork, las primeras impresiones, el pueblo precioso, me encantó su arquitectura, me gustó el carácter de sus gentes, el sabor de sus calles que evocaban imágenes de mi infancia en las que las plazas eran el lugar de encuentro de las gentes y en el centro el templete de la música presidía las tardes de fiesta, las terrazas llenas de gente y la playa amplia y hermosa frente a un Cantábrico con sonido, olor a mar y día claro. 


Las exposiciones, unas me gustaron más que otras, pero tengo que reconocer que mi debilidad es el patchwork tradional, es demasiado fácil cuando hablamos de patchwork moderno caer en el absurdo.
Alguna de las explosiones impresionantes, diferentes a lo que estamos acostumbradas, otras sorprendentes sobre todo por el trabajo en la mayoría de los casos manual y es que no es que yo esté en contra del trabajo a máquina para hacer patchwork, reconozco que es más rápido, pero siempre que compruebo que un trabajo pulcro y cuidado está hecho a mano, me emociona, y para mi gusto le da un valor añadido, es algo parecido a lo que ocurre cuando ves un bordado hecho a mano y otro a máquina, ya se que las máquinas lo harán más rápido, quizás más perfecto, pero será un trabajo sin alma, sin el amor que las puntadas dadas una a una dan a una trabajo. Lo siento pero siento debilidad por el patchwork a mano, me parece más valioso y en San Juan de Luz pude ver muchas muestras de este trabajo que me emocionó.
Alguna de las explosiones me sorprendieron como la de unas piezas que imitaban corales marinos y estaban hechas por lo que yo creo que eran vieses de algodón blanco, infinidad de vueltas y formas concéntricas mostraban extrañas formas que parecían conchas marinas y corales tallados por las olas del mar.





Otra de las exposiciones que me sorprendió fue las de los butis (no se como se escribe) hace algún tiempo aprendí esta técnica y fue sorprendente ver piezas algunas de ellas antiguas realizadas con este arte, es una pena que no podré mostraros muchas de estas obras por que no dejaban hacer fotos de las mismas, pero algunas antes de que me lo advirtieran pude fotografiarlas aunque no las mejores, puedo aseguraros que me emocionó comprobar las puntadas tan minuciosas que dibujan formas y una vez rellenas de los hilos de algodón realzan el trabajo y dibujas las escenas, y los gráficos.





Quizás lo que menos me gusto, fueron las exposiciones de muestras modernas y lo peor de todo lo disperso de dichas exposiciones que nos obligó a caminar durante buena parte de un día bochornoso y caluroso.
Por la mañana visité la exposición del punto de venta donde me encontré con una muy agradable sorpresa y es una colcha del Dear Janne que lucia con todo su esplendor y me emocionó contemplar.

Las compras no merecieron la pena, apenas compré unos pocos paneles y algún que otro botón y elementos para un quilt que será una sorpresa para mi hijo, pero las telas me parecieron caras y los libros que es lo que siempre busco en estos casos no encontré nada interesante que comprar, esto me decepcionó mucho, por que esperaba comprar algunas cosas y me fui casi con las manos bacías.
Por la tarde hice algunas compras en el pueblo unos blusones blancos y una camisa con toda la pechera bordada, y algo curioso, me compré un delantal blanco con bolsillos que me recordó los que llevaba mi abuela y mi tía cuando yo era pequeña para coser y bordar y en ellos guardaban hilos y libritos de agujas. Además de algún regalo para mi nieto y mis hijos, pero de patchwork regresé con las manos bacías, una pena.







De momento dejo en esta entrada algunas fotos y en los próximos días iré preparando más fotos para que todas las que no pudisteis ir disfrutéis de este día maravilloso.



Las exposiciones, unas me gustaron más que otras, pero tengo que reconocer que mi debilidad es el patchwork tradional, es demasiado fácil cuando hablamos de patchwork moderno caer en el absurdo.
Alguna de las explosiones impresionantes, diferentes a lo que estamos acostumbradas, otras sorprendentes sobre todo por el trabajo en la mayoría de los casos manual y es que no es que yo esté en contra del trabajo a máquina para hacer patchwork, reconozco que es más rápido, pero siempre que compruebo que un trabajo pulcro y cuidado está hecho a mano, me emociona, y para mi gusto le da un valor añadido, es algo parecido a lo que ocurre cuando ves un bordado hecho a mano y otro a máquina, ya se que las máquinas lo harán más rápido, quizás más perfecto, pero será un trabajo sin alma, sin el amor que las puntadas dadas una a una dan a una trabajo. Lo siento pero siento debilidad por el patchwork a mano, me parece más valioso y en San Juan de Luz pude ver muchas muestras de este trabajo que me emocionó.
Alguna de las explosiones me sorprendieron como la de unas piezas que imitaban corales marinos y estaban hechas por lo que yo creo que eran vieses de algodón blanco, infinidad de vueltas y formas concéntricas mostraban extrañas formas que parecían conchas marinas y corales tallados por las olas del mar.






Otra de las exposiciones que me sorprendió fue las de los butis (no se como se escribe) hace algún tiempo aprendí esta técnica y fue sorprendente ver piezas algunas de ellas antiguas realizadas con este arte, es una pena que no podré mostraros muchas de estas obras por que no dejaban hacer fotos de las mismas, pero algunas antes de que me lo advirtieran pude fotografiarlas aunque no las mejores, puedo aseguraros que me emocionó comprobar las puntadas tan minuciosas que dibujan formas y una vez rellenas de los hilos de algodón realzan el trabajo y dibujas las escenas, y los gráficos.






Quizás lo que menos me gusto, fueron las exposiciones de muestras modernas y lo peor de todo lo disperso de dichas exposiciones que nos obligó a caminar durante buena parte de un día bochornoso y caluroso.
Por la mañana visité la exposición del punto de venta donde me encontré con una muy agradable sorpresa y es una colcha del Dear Janne que lucia con todo su esplendor y me emocionó contemplar.


Las compras no merecieron la pena, apenas compré unos pocos paneles y algún que otro botón y elementos para un quilt que será una sorpresa para mi hijo, pero las telas me parecieron caras y los libros que es lo que siempre busco en estos casos no encontré nada interesante que comprar, esto me decepcionó mucho, por que esperaba comprar algunas cosas y me fui casi con las manos bacías.
Por la tarde hice algunas compras en el pueblo unos blusones blancos y una camisa con toda la pechera bordada, y algo curioso, me compré un delantal blanco con bolsillos que me recordó los que llevaba mi abuela y mi tía cuando yo era pequeña para coser y bordar y en ellos guardaban hilos y libritos de agujas. Además de algún regalo para mi nieto y mis hijos, pero de patchwork regresé con las manos bacías, una pena.








De momento dejo en esta entrada algunas fotos y en los próximos días iré preparando más fotos para que todas las que no pudisteis ir disfrutéis de este día maravilloso.
Las distintas mesas daban respuesta a todos los que se acercaron, ¿en qué consiste esto?, ¿cómo se hace?, ¿es muy difícil?, ¿dónde puedo hacerlo?, y así entre el asombro de la gente, el cariño de las amigas que se desplazaron desde otras provincias para participar y arropadas por la atenta mirada de Julia Pita (organizadora del evento) que intentó que en todo momento nada fallase, y todo estuviese perfecto pasamos un día inolvidable.
Desde primera hora se colocaron cuerdas entre los árboles de la plaza donde posteriormente fuimos colocando todas las piezas que la gente trajo y que superó todas las previsiones.A media tarde se realizó un sorteo en el que por cierto me tocó un panel infantil con su relleno correspondiente cedido por “la casa de las artesanas” y que como podéis comprender me hizo mucha ilusión. También recibieron premios otras amigas pero los más emocionantes correspondieron a la persona más mayor que presentaba una pieza con 80 y tantos años y a la persona más joven que es un muchacho de 16 años, si, habéis leído bien un muchacho.
